LA FAMILIA: DE LA CELEBRACIÓN AL TESTIMONIO
16.02.2014 22:36
Por Luis Fernando Reve lo C.
COORDINADOR DIOCESANO DE MFC - IBARRA
LA FAMILIA: DE LA CELEBRACIÓN AL TESTIMONIO
Una madre condujo a su hijo hasta la presencia del gran maestro Mahatma Gandhi, y dijo a este: - Maestro, por favor, di a mi hijo que deje de comer azúcar. Gandhi miró profundamente a los ojos del muchacho y, luego, respondió a la madre:
- Vuelve con tu hijo dentro de dos semanas.
- Pero, maestro, replicó ella, hemos hecho un largo camino para llegar hasta aquí. No nos despidas así. Di, por favor, a mi hijo que deje de comer azúcar. Gandhi volvió a mirar profundamente a los ojos del chico, mas declaró de nuevo:
- Vuelve con tu hijo dentro de dos semanas.
A las dos semanas regresaron la madre y el hijo. Ella declaró: - Maestro, por favor, di a mi hijo que deje de comer azúcar. Gandhi volvió a mirar profundamente a los ojos del pequeño, y le dijo:
- Deja de comer azúcar.
La mujer sorprendida repuso: - ¡Oh, gracias, maestro, gracias!. Pero dime, por favor. ¿Por qué nos despediste?, ¿Por qué no dijiste a mi hijo que dejase de comer azúcar cuando estuvimos aquí hace dos semanas? Y Gandhi añadió: - Hace dos semanas, yo estaba comiendo azúcar.
Mis queridos lectores, la parábola nos muestra lo imprescindible que resulta educar con el ejemplo, con el testimonio de vida. La familia tiene que convertirse en un testimonio oportuno y preciso para los que educa. Jamás olvidemos que las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran y que la casa de los padres es la escuela para los hijos. No hay nada que sustituya el rol fundamental de los padres de familia de educar a sus hijos en principios y en valores morales y cristianos, de ser “verdaderos testigos” comprometidos en anunciar a un “Cristo vivo”, no con palabras, sino con su vida. Los padres de familia que dicen no tener tiempo para esto, ¿para qué se casaron? ¿para qué trajeron hijos al mundo? Deberían pedir dimisión de la paternidad.
Pueden existir padres de familia que inculquen a sus hijos valores morales y cristianos, pero luego ellos, con su antitestimonio, con su desidia personal, con su manera de actuar, terminan por volver a sus hijos apáticos e indiferentes. No es raro encontrarse con muchachitos que piensan que lo mejor es actuar como lo hacen los viejos. Precisamente nos cae como anillo al dedo aquella anécdota que contaba aquel peluquero cuando preguntaba al niño: ¿Cómo quieres el cabello? Y el infante respondía: - ¡Yo, calvo como mi papá!. Los hijos son como aquellos escaladores que siguen la ruta en pos del guía y que a cada instante remarcan: “Te rogamos que tengas mucho cuidado, pues seguimos tus pasos”. Don Quijote subraya a su escudero: “Mira, Sancho, dondequiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida”.
“Soñamos, puntualiza un documento, con una familia que sea capaz de ser testimonio para sí misma, para las nuevas generaciones, para la realidad sociopolítica económica, de ser auténtica fuente de dignidad y realización de la persona…”. ¿Perciben los actuales esposos que la familia es la primera y principal transmisora de la fe, o desconocen o abdican de esta sublime misión?
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